Paris, je t'aime
Era ya el momento de conocer Paris. Fui solo, pero allí me esperaba Mikaël y tengo que decir antes de nada que sin él como anfitrión de lujo, seguro que todo hubiera sido muy distinto.
Para los que no le conocéis, tan solo puedo decir en pocas líneas que Mikaël, cantante de JetSex, Miko, Príncipe de Montparnasse, Duque de Bilbabá, es de las personas más especiales, sorprendentes y grandes que conozco. La prueba es que hasta sus amigos han hecho un foro en internet para comentar sus aventuras. Su segundo apellido significa “gran corazón” en yidis, su vida podría ser la de un personaje de Saint Exupéry y se pasea por ella con la gracia del tango a ritmo salvaje de rock’n’roll.
Aún y todo tuve por supuesto mis buenos momentos de soledad buscada, en el decorado de película que es París y sobre todo en esta época del año.
Comencé por supuesto visitando la torre Eiffel. Impresiona de verdad. Podría quedarme horas sentando contemplándola desde uno de los bancos de los Champs de Mars. Eso sí, jamás había visto tal multitud de gente de visita turística.
Cena y cervezas en el Smoke, un pequeño bar habitual de Mikaël. Ambiente cervecero y humo, de ahí el nombre, pero dónde puedes comerte un buen quiché de espinacas o queso, aunque en principio no pueda parecer el ambiente más propicio, pero sí lo es. Me recuerda a algún bar de Malasaña, en Madrid. Mikaël me cuenta sus aventuras en este bar.
Al día siguiente me paseo por la torre Eiffel hasta llegar a Les Invalides y por la tarde por los jardines de Luxemburgo. Este lugar me encantó especialmente. Mikaël se crió jugando en estos parques y me ensañaba los rincones más entrañables, que además no han cambiado nada en todos estos años: el teatro de marionetas, el tío vivo con el palo para coger la anilla, o los barcos de madera que puedes hacer navegar por el estanque empujándolos con un palo.
Entrañable de verdad. Pero lo más impresionante son los propios jardines en sí mismos y sobre todo en esta época del año.
Después de comer visitamos Le Marais, el barrio judío, el barrio latino y degustamos la increíble patisserie parisina mientras descansamos tomando un café.
Tiempo también pasar por el Hotel de la Ville y por supuesto Le Louvre. Lo visito por la tarde con la suerte de que una adorable y simpática amiga parisina me había regalado una entrada. Bueno, visito parte de él, claro, por falta de tiempo.
Me quedo con los aposentos de Napoleón. ¿Cómo tuvo qué ser esto es su época de máximo esplendor?. Realmente impresionante. Paris es la ciudad de la luz, sin duda.
Por la noche pruebo el tartare. Típico plato parisino. Después vamos a una fiesta en un piso donde nos juntamos con el resto de amigos y amigas parisinos. Nada más llegar viene la policia y nos hecha a todos. Era una fiesta de inauguración de un piso y se les había ido de las manos. El resto de la noche prosiguió algo accidentada...
Al día siguiente entro en Notre Dame y después me quedo sentado en el parque de alrededor. Era la hora del mediodía, un acordeón de fondo proveniente del puente sobre el Sena detrás de mi, una conversación espontánea en un banco de al lado y las hojas del otoño parisino cayendo sobre mi cabeza. En el album de fotos podéis ver el video de este momento. Idílico a más no poder, al menos par mi.
Por la tarde Montmartre y el Sacre Coeur...
... para terminar en Pigalle.
Aquí ya se me acabaron las fotos y espero a que Mikaël me envíe las suyas. Por la noche cena y fiestón con la peña parisina, en un loft del mismo Montmartre con unas vistas espectaculares del barrio y de todo Paris.
Me llevé los olores y los recuerdos del otoño parisino al ritmo que cantaba Mikaël esta canción de Astor Piazzola, mientras expirábamos nuestros desamores, venturas y desventuras. Mi primera vez en Paris tiene esta melodía. Escucha...
Volveré, volaré, bailaré y me subiré de nuevo a mi ilusión supersport!!.
Aquí tenéis el resto del album de fotos
| PARIS |
Y para más información un par de enlaces interesantes sobre Paris. El de los crêpes nos lo paso una cuadrilla muy maja que estaban sentados al lado en una cafetería uno de los días. La página la han hecho ellos. Nos contaban que es difícil encontrar un buen sitio en Paris para comer auténticos crêpes de calidad. Ellos han hecho una lista.



